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viernes, 29 de enero de 2010

Encuentro con el bidet

Dedicado a los viajeros naciendo: Eli, Agus, Mayi, Dany, Naty, Virginia, Kevin, Franco, Nano, Facu, Legui, Nahu, el Jefe y en especial a mis hermanos, maestros y aprendices… Zarce y Potter, por darme fuerza, luz y dar por sentado que “toda piedra es un mero escalón”.
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Dados a la ruta
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Con la cabeza erguida
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Convencido que la ciudad no tenía nada más que enseñarme, agarré mis cosas y me fui rumbo a Capilla del Monte. Fueron catorce horas de viaje exquisitas: tenía a Zarce a mi lado, el Rock and Roll trepándome por el cuello y por delante enormes formaciones rocosas que me invitaban a bailarles en el lomo. Atravesamos un puñado de pueblitos sin alma y grandes ciudades sin corazón (como Rosario o Córdoba Capital, que son el espejo de Capital Federal sin olor a puerto) hasta que la ruta 38 nos hizo cosquillas en el ombligo y abrió a nuestra voluntad el camino que tanto soñamos andar. A todos dijimos que “nos ibamos de vacaciones”, mas bien sabíamos que nos iniciábamos en un viaje del que sólo el retorno a nuestra cárcel de cemento nos devolvería la mustia noción de no pertenecer a ningún lugar.
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Un pizca de algo
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Las sierras de Córdoba tienen la frescura de un blues de Albert Collins y su belleza es sólo comparable con la sensación de plenitud que las mismas propician; en otras palabras, para entenderlo hay que vivirlo, ya que no se trata de entendimiento propiamente dicho.
La bienvenida nos la dio un cartel luminoso que recordaba a los telos baratos del barrio de Boedo, mas el monte en verdad es un gran hotel. Los Anchorena supieron convertirlo en un shopping para cordobeses, rosarinos y porteños, en tanto los viajeros supieron servirse de sus enseñanzas. Sólo ellos importan. Son ellos quienes se alojan en el tiempo, en su tiempo, y es ese ritmo el que dicta el corazón. Las vicisitudes del no-tiempo -el reloj que corre en Capilla- tienen un aroma tan dulce que apaña la fatiga en plantitas de menta. El grandote es oasis y desierto, es vida y muerte, es tierra y agua, es Shiva y Shakti, es Yin y Yang, es espejismo y realidad. No es sólo un cerro que abastece de leyendas a los escépticos. Quizá, en otro momento, le dedique las líneas que merece, ahora quiero volcar mi experiencia del viaje en forma de crónica y es en esa empresa en la que me embarco.



Peripecias
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Aterrizaje
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Cuando bajamos del bondi (“micro” para las platenses, “cole” para la santafesina y “bus” para el yanqui), nos encontramos con uno de mis hermanos, ahí esperándonos para mostrarnos el lugar. Era el Potter de siempre, sin anteojos (allá no los necesita) y con un aspecto de chamán serrano de mirada profunda y palabras justas. Nos saludamos como si el tiempo y la distancia fueran sólo un pequeño escollo. Anduvimos las calles del centro capillense hasta que brotó una felicidad incontrolable desde el abdomen hasta la curvatura de los labios. Se dice que es el torrente de energía positiva que emana el Uritorco; mas no somos gente de dichos, sino gente de vivencias. La energía no se siente, ni se percibe; ha de ser esa la razón por la cual muchos transitan esos senderos como si estuvieran pateando por Corrientes y Callao: pobre de ellos.
Me hice de un montón de teorías para explicar esa “sensación”, “percepción” o nimia “impresión” del fluir de la energía, pero ninguna me convenció. Lo único que me seduce es que el entendimiento es una burda característica que, a diferencia de lo que establece la sociedad, nos pone muy por debajo del resto de las especies. Algunos tenemos una suerte de “canal” abierto para que esas fuerzas nos atraviesen como el río a las piedras. Mal que mal, al no estar iniciados pueden chupárnosla; mas tal cosa se aprende a cuidar como el agua hasta que nadie pueda corrernos de nuestro centro: mayor sea la cantidad de energía que uno absorba, menor es el cúmulo de cansancio que atosiga nuestra planta. Todo es voluntad.
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Zarce y yo, guiados por Potter, nos instalamos en un albergue juvenil de muchas pulgas (“Los 3 Gómez”) en el cual nos trataron como parte de su familia desde el primer día de estadía hasta el último. Como buen bicho de ciudad, desconfiaba sobremanera de la amabilidad a mansalva hasta que comprendí que no había ninguna necesidad de dirigirse mal hacia las personas, porque nada importaba, nada.
Mi hermanito Potter tuvo que irse a dormir porque el amanecer (que, en Capilla del Monte, no se ve) lo esperaba con mucho trabajo bien recibido. Todas las noches repitió esta conducta. Se despidió como un haz de luz.
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La luna de Capilla se la come el cerro, pero uno la siente como queriendo salir del pecho. Con Zarce dominamos a la perfección el lenguaje de los ojos: nos mirábamos y decíamos “¿Dónde estamos? No importa, estamos más que bien”. Sonaba Whitesnake en la techada, las mujeres salían de las bocacalles como ríos de lava incandescente, el aire se dejaba acariciar y masajeaba nuestros pulmones tabaquistas con amor de abuela. Nada podía salir mal: sin reloj, sin ciudad y con un pueblo mágico que nos abría los brazos con ternura.
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Dejando huellas
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La primer experiencia esotérica fue caer en cuenta que eramos dos forasteros que venían a buscar algo. Buscando, buscamos. Encontrando, encontramos. Sin mapas, brújulas ni amuletos llegábamos a nuestro destino siguiendo “el camino con corazón” que Juan Mattus le aconsejó a Castaneda. Una vez habituados al pueblo, sacamos la conclusión de que siempre seguimos el camino más directo y más rápido ¡Qué cosas! ¿Suerte de principiantes? No, simplemente dos amigos que sabían lo que querían y a ello se entregaban como el cielo a la tierra.
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Se dieron repetidas visitas nocturnas al Camping Municipal Calabalumba, donde se alojaban el Jefe (un amigo que me regalaron las calles de Lanús) y Nahuel (un muchacho simpático que siempre andaba en cueros y comiendo porros). La excusa fue huir del olor a Buenos Aires de los bares y pubs y pisar un poco la tierra. Tantas “fogatas sin fuego” se dieron ahí entre guitarreadas, mates, vino, fernet y humo de marihuana que, si hubiera rondado la zona un inspector de SADAIC, Charly, Spinetta y la familia de Pappo podrían haber comprado el cerro Uritorco y hacernos el favor de fundir la cervecera Córdoba (…y yo que pensaba que no había nada peor que la Isenbeck y la Palermo…).
El mayor atractivo del camping era la canchita de fútbol, un espacio “abierto” donde podíamos mear sin árboles y donde las luces de la ciudad no ofuscaban el cielo. El cielo…
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Hay más vida que en el mar
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El cielo de Capilla del Monte me vio volver a nacer, cambiar de piel. Mi primer encuentro con el cielo tal y como es fue un regalo de Potter. Me invitó a acompañarlo y no pude más. Lejos de las conjeturas que suelen oírse (“¡No somos nada!”, “¿Habrá vida en otro lugar?”, “¡Aguante la Mona!”), le dije: “Perdonáme, hermano, pero no puedo soportar tanta belleza”. Arguyo que me entendió. Yo venía acostumbrado a cargar con mi mochila y la de los demás: curtido de males. Pensé que era cosa de chicos dejar que la naturaleza te abrace y soportar la belleza, pero no: te abre la boca del estómago y te patea la cabeza. Me decías “cielo” y proyectaba un telón azul opaco con unas pocas perlitas abotonadas. Hoy me decís “cielo” y figuro el de Capilla del Monte. Uno experimenta la sensación de una semiesfera en donde ya no hay telón ni perlitas abotonadas, sino un océano de estrellas que centellean vida, una detrás de la otra, superpuestas, en perfecta armonía con el todo, hay perspectiva, tres dimensiones, un número considerable de ellas, me invitaban a tocarlas. Las tres Marías no son pequitas blancas solitarias, se las ve contentas con sus hermanas dándole forma a Orion. Jamás pensé que “no soy nada”, mas bien pensé que soy todo y no parte de un todo, sino todo fundido en mi y yo fundido en el todo. A eso llamé “Dios” ¿Qué más puedo decir de lo que habla por si mismo?
Salvo por los pueblerinos y los que visitan la ciudad en busca de amores fugaces, nadie me miraba raro cuando los invitaba a mirar las estrellas. Perdía el habla y no podía escuchar estupideces. Sólo me llegaba lo que tenía alma, corazón y vida (como reza alguna canción folklórica). Mas adentrado en mi tiempo y mi lugar, pude “soportar” la belleza; más que soportarla, pude ser ella.
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¿Viste ovnis? Más vale que vi ovnis. Todo aquél que se encuentre en ese pueblito ve ovnis. La pregunta correcta sería: ¿viste naves extraterrestres? La respuesta me la reservo. Las estrellas fugaces, los satélites, las naves de la NASA y los destellos que provocan los hijos de puta que pretenden hacer crecer a Capilla como centro turístico (esos bichos están camino a La Toma) no son ovnis, son “ovis”. De artificios del hombre volví empachado. Hubo solo dos momentos en los que sentí un escalofrío correr por mi espalda: el primero con Potter; el segundo, solo. Pero no es mi empresa alimentar el ego de los escépticos. Vean “ovis” y conviertan a Capilla del Monte en Villa Carlos Paz.
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La actividad extraterrestre es piel de mono* (están y punto), lo que realmente me compete es la actividad extrasensorial. Es una lástima que mis limitaciones humanas no me permitan documentar nada de ello; pero, como dije, el entendimiento es muy pobre, basto.
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*La expresión “piel de mono” hace referencia a una canción de Sobrenatural (Power-trío que integré junto con Hernán Colantuono y Esteban Parafioriti). Debe tener unos cinco años. Resumiendo, habla de todas las imbecilidades que apañamos siendo actores inconscientes.
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En el hostel
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La vida en el hostel era amena. Idiotas va a haber siempre acá y en la luna, pero pudimos cruzarnos con gente que realmente valió la pena conocer. Algunas personas estaban de paso, pero supieron dejar su huella. Me limito a hacer referencia de los buenos…
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Los que trabajaban en el hostel: Loren, una señora con una paz enorme y una sonrisa que cercenaba todos los males; Mirna, quien demostró que se puede trabajar con buena cara; Adrián, con quien compartimos charlas por demás interesantes; y Leandro, que trabajaba a sol y a sombra para que todos nos sintamos como en casa.
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Nuestros compañeros de habitación, habitaciones vecinas y aventuras: (Las tres platenses) Agus, siempre pensé que se había escapado de una película de Tim Burton; Mayi, el sargento buena onda; y Eli, la chiquita de la nube; Kevin, el yanqui más argentino, y humano a la vez, que puedas llegar a conocer; Nano, que vive a diez cuadras de casa y que, seguramente, si lo conocía acá nos hubiéramos roto la cabeza (lo conocí allá, como realmente es: un tipazo); Legui, paisano de Hurlingham, explosión de felicidad espontánea (alguna vez dije que tendrían que fabricar “leguis” en serie y venderlos en el supermercado); Facu, quilmeño, compañero de guitarreadas y de ritmo para las interminables actividades; Franco, de Once, viajero que cultiva la paz y maestro del “no importa lo que sos, sino quién sos”; Dany, de Colegiales, la dama de la juventud eterna y sonrisa amable; Naty, compañera de Cindor, de la que desconfiaba al principio porque pensé que era rosarina (me equivoqué, por suerte: Santa Fe Capital); y por último Virginia, la prima de Yayo, casi me vuelvo con acento villamariense de tanto gastarla, muy buena mina, me leía la mente y no mendigaba su energía.
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Cabe destacar un episodio en “Los 3 Gómez”. Zarce, Nano, Legui y yo habíamos formado un círculo perfecto. Se dio un momento de canciones profundas y Legui abrió el círculo (seguro olfateó estrógeno y se fue a la cocina). Se había formado tal campo energético que podíamos lograr lo que quisiéramos; pero, al zafarse una pata, nos empezaron a chupar hasta que éste volvió y rompimos juntos con la mala vibra.
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Andanzas
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Este apartado se presta para escribir una novela. No quiero escatimar en palabras, aunque encuentro más fructífero y llevadero ilustrar algunas capturas, sobre todo las que se volvieron aprendizaje.
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El lugar predilecto de este grupo siempre fueron las ollas de La Toma (a 1,5 km del centro). Caminando por las piedras del, tristemente seco, Calabalumba nos encontrábamos con una sucesión de ollas y sus respectivas cascadas: un lugar paradisíaco. Excepto por los estupendos subnormales que alteraban el ecosistema, podría decirse que todas las religiones lo adoptarían como elíseo. Alcanzar cada olla era un desafío, sin embargo las formaciones rocosas eran como amigos que te daban aliento y te decían “Parece difícil, pero no lo es. Mirá, servíte de este árbol, aferráte a esta piedra”. Esa es la voz de la naturaleza. Me costó horrores asumir que no todos pueden escucharla. Charlando con Potter se llegó al encantador aforismo que reza “una piedra es un escalón”. Aquél que comprende, ya no tropieza. Pasamos largos días echados como reptiles al sol y bañándonos en su seno.

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Recuerdo dos visitas a Los Mogotes:
La primera ocasión tuvo la gracia del Paso del Indio. Yo reía por dentro cuando me topé con construcciones de cemento y madera amurada con clavos, de todas maneras nos dispusimos a recorrer dicho paso. Nos sorprendió la perspicacia de los nativos para escapar de los españoles: eligieron un camino por donde no penetraban las armaduras. El “atrapaboludos” era una formación rocosa donde se aprecia el semblante de un aborigen. Luego de semejante decepción, retrocedimos y nos echamos en las rocas a buscar otras “caras”. Zarce encontró el estupendo rostro de un indígena de rasgos duros, Nano vislumbró un perfecto dragón de Komodo, un simpático pan dulce y la cabeza de un buda que jamás pude ver, las platenses creo que no vieron nada, el resto del grupo pasó un largo rato hasta figurar la idea que propinó Zarce, yo encontré al eslabón perdido entre Kart Marx y un cacique texano (cabe aclarar que se apreciaba a simple vista) ¿Observaciones? a) Cuando hay buena vibra uno se entretiene con nada. b) Los puntos turísticos son bosta de caballo engripado.
En nuestra segunda visita a Los Mogotes, seguimos el curso del río hasta que la vegetación se hizo densa y se esfumaron los androides que no pueden vivir sin lo artificial. Eramos cinco hombres: Zarce, Potter, Nano, Legui y yo. Lo peculiar fue nuestro comportamiento. Pude hacer un corte y diferenciar géneros: las mujeres con la presencia masculina son vivaces, pero cuando están solas parecen teletubbies que hablan de sexo y ropa; los hombres ante una fémina somos maleables como el barro, pero cuando es “cosa de hombres” nos vamos de la civilización a lo espiritual como linyera al guiso. Cantamos infinidad de canciones de toda índole hasta que Serú Girán y Charly tomaron la batuta. Cuando fue el turno de Luis, me vi ante el río cantando “Durazno sangrando” y se me vino abajo el mundo tal y como lo conocía. No le cantaba al momento, ni a mis amigos, éramos el río y yo: le estaba cantando al río. Al terminar, me invitó a acercarme para decirme “¿Ves que fácil es? Yo sigo mi camino, siempre con la misma fuerza, con el mismo vigor, mirando hacia delante y dejando que se estaquen los que no creen en mi”. Quedé atónito y no pude preguntarle otra cosa que no sea acerca de las piedras en su camino. Me dijo con ligereza “¿Tanto te preocupan las piedras? Miráme, les paso por el costado, por encima y cuando no hay dirección simplemente las atravieso”. Creo que no tuve un ataque de epilepsia, porque estaba bien conmigo mismo y con mis amigos. Fue un día increíble aquél. Todos aprendimos de todos y de todo. Nada podía castigar nuestro centro.
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Las salidas nocturnas por el centro fueron lo que son: salidas nocturnas por el centro. Implosión de ciudad.
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Me quedé con un arsenal de aprendizajes (y enseñanzas que todavía estoy masticando) de los mencionados lugares y de otros tantos más. Todavía estoy absorto en un trance hipnótico. Sólo se que más adelante hablaré del grandote y de los amigos de siempre y los nuevos. Tengo tiempo para digerirlo.
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De regreso
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En el bondi
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Con angustia masticaba los sanguches que me compró Virginia. No pensaba, proyectaba: eran millares de películas que podía apreciar con simultaneidad y, a la vez, tenía la mente en blanco. Dormí un buen rato hasta que paramos en Carlos Paz y el chofer me despertó para darme la noticia de que iban a robarle el lugar a mis piernas. Un idiota que se puso a torrar como un lobo marino y tenía que despertarlo a cada rato para avisarle de forma cada vez menos grata que se me salga de encima. Increíblemente, no me enojé, solo le pedí que duerma enfocándose al pasillo. Eso me preparó con lo que iba a encontrarme.
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Bitter Home Buenos Aires
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Bajé del bondi y recordé lo que era esa masa viscosa de gente que va a mil por hora hacia ningún lugar. La humedad me saludó jocosa y pude vislumbrar que a mi familia y amigos siempre los voy a llevar en mi corazón y que lo único que extrañé de Buenos Aires es el bidet.



Redactó Sanrod.

sábado, 2 de enero de 2010

Escoba nueva, barre bien

Sumergidos en el color -refusilo de celofán- somos la voz sorda entre los ciegos. Los que ven pétalos en los pájaros y pájaros en los pétalos. Escuchemos el silencio… tiene una música avasallante. Son verdes los ojos que me cuelgan en la espalda y cientos las razones que llevan a lo desconocido a saber a pollo y al heavy metal a ser un mero arco iris de orín.
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Cada año nuevo es así, me nacen párpados en los oídos y lo único que me importa es el color. Pero sólo los colores intensos; los pálidos, al patíbulo, y los pasteles, al horno. Es asombroso ver como el prisma se frota el culo contra el piso y secreta saliva como perro alzado para descomponer la luz blanca en siete colores -de los que gusto de cinco, exalto a uno y reniego del otro.
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Mi espasmódica respuesta ante el amarillo es sólo comparable con el miedo del guerrero: dura aproximadamente unos tres segundos y tiene nariz, pero jamás ojos. El amarillo es el color de un pato que goza de ser pato, de la orina del cristiano que lleva una mala vida, de las falanges del tabaquista y de la pollera de la “Bomba tucumana” ¿Cómo responder satisfactoriamente? No pesa, pero es parte de la naturaleza: yo no veo canarios verdes ni anoréxicas rosadas. Afortunadamente, mis pesadillas se proyectan en un azul metálico sin lustre, yuxtapuesto con el blanco y negro característico de los paisajes oníricos misteriosamente agradables. Si soñara en amarillo, buscaría un terapeuta o chamán daltónico para que me ayude a encontrar el camino correcto. El camino de tintes amarillos nunca podría ser el correcto, no tiene causa. La coloración del pus, las arenas y los enfermos: esa es la sensación del amarillo. Si hasta su pomposa percusión se resbala en el paladar con sabor a excrementos.
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El color de mis amores es el rojo. El rojo está vivo, respira, no gusta de ser observado y gusta de observar, no hace preguntas y propina respuestas. El rojo tiene movimiento. El rojo está en mi, como yo estoy en él. El rojo no tiene argumentos, porque como tal es un argumento en si mismo.
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Por esta razón les deseo un 2010 que irradie color, en donde abunden los rojos y escaseen los amarillos. Y no, no hablo de la hiena fascista, hablo de la vida misma; de mi presagio de buena fe y de mis no-balances, porque el pasado no es hostería y tampoco me pagan por esto.
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Los invito a sumergirse en el color… Ustedes elijen.

Coloreó Sanrod.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Ritmo y blues sin armónica

Hoy solo tengo ganas de citar la letra de una canción. Muy linda por cierto, sobre todo porque no es canción. "Ritmo y blues con armónica", escrita por Ricardo Soulé e interpretada por Vox Dei...

Hoy empiezo a ver con más claridad a los que me rodean,
Veo quien es quien y en quien puedo creer.

Cuando parece que el mundo acabara, la tierra cede bajo mis pies.
Y cuando ya nunca amanecerá, el sol sale otra vez.

Muy equivocado estuve ayer,
debo de decirte porque me engañé
al suponer que eran muchos los amigos en que yo podía creer.

Eran solamente siluetas sin creencias ni fe.
Eran solamente voces, que aparentaban saber.

Hoy por la mañana, sentí nuevamente estas locas ganas, de quererme bien
y sin proponermelo, me siento muy fuerte, solo por saber que amo a mi mujer.

Dios se me distrajo por un momento y la buena suerte me abandonó,
y el maldito diablo sin perder tiempo en la sangre misma se me metió.

Y ahora ya no tengo amigos, la buena suerte me abandonó.
Poca gente hoy me rodea, sólo la que me da amor.

Hoy por la mañana, sentí nuevamente esas locas ganas...


Citó Sanrod.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Jamás le creas al poeta

Jamás le creas al poeta. Cuando dice, se desdice y corona con flores el blanco deceso del caudal de amor. Llueve sobre los cuerpos. Llueve, llueve, llueve. Se inundan de nada las infinitas musas que caen en sus surcos.
Yo vi el calcáreo rostro del último hombre que alguna vez sintió. Sus arrugas se extendieron en pequeños conductos donde fluía la sal y su pesada espalda cargaba con el fardo característico de todo sobreviviente. Él me dijo con sus ojos “sentí, el fuego está vivo en mí, cuidá de él como si fuera el elemento vital”. Después de ese acotado diálogo no supe qué hacer con la muralla que era ¿derribarla o abordarla? Y, sin mas, volví a ser un fuego, pero no el mismo fuego: un fuego otro.
Creé en el poeta, o mejor creálo. Dejá que se desdiga con sus sentencias, pero nunca lo deshagas. Se destruye y construye en cada verso con la simultaneidad misma de la cópula de bacterias que pueblan las heces y las mareas de las modas paganas. No hay guerras ni religión. La guerra es un mono albino que se atragantó con un pelo de concha y la religión no es más que tal escena televisada. Lo único que alimenta los sueños y desierta las pesadillas es el amor; que a veces tiene aroma a piel y levanta temperatura, otras nos encuentra en los zapatos del otro, pero en casi todas sus formas se trata de saber compartir (y querer hacerlo, claro).
Entonces creé en el poeta. Siempre creéle al poeta. Es quien transmuta el viento en golondrinas, es el moderno alquimista de las palabras. El que sueña despierto y despierta dormido. Él traduce los M.M.O.O.R.R. en amapolas o terrores varios.
Yo no puedo más, me voy a ir de acá. Me voy a ir tan lejos que ni siquiera voy a tener que cruzar el umbral de mi dormitorio. Dormitorio que no es el mismo que el de Lorena, donde Luis encontró una canción...



Se desdijo Sanrod.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Caca

Todo se reduce al bolo fecal. Esta gran hez es lo que llamamos vida y acá el consuelo es “no queda otra”… ¿Qué hacer con esta bigconfusionpodredumbre? No te preocupes, nunca falta el idóneo que está unos cuantos pasos por delante tuyo, y el que está más apretado es el que mejor la pasa ¿Por qué? No te preguntes más, es así y no puede ser de otra manera. Tenemos que ser unos estupendos idiotas que respeten la mierda tal y como se nos presenta: con etiqueta, sin etiqueta, ya agiornada o a mediohacer. No hay que criticar ni estar disconforme, hay que amoldar el inodoro para el culo mayor.
Odiaba a Antonin Artaud porque habla de mierda y de huesos y a ese Mayakovski con su flautaespinadorsal y al Gran Marqués que escribe mierda con mierda, pero ahora los amo porque se hicieron mierda y porque, además, todos estamos hechos de mierda y tenemos que comer mierda para ser más mierda y poder pertenecer a la gran hez (Tomá aire. Los paréntesis sirven para tomar aire y para segregar multiplicaciones y divisiones de sumas y restas) ¡Imagináte lo que sería! A modo de ilustración, figuráte una isla rebosando de peronistas con remeras del "Che" Guevara. Lo que no sale por el culo, fagocita millones de neuronas que laburan a dendrita y axón pelado para devolver en espejos circulares un jardín atestado de bestias multicolores. Joan me dice que soy elitista y Castillo Del Toro Jones Harrison Ford Del Toledo no me dice nada (lo cual es peor).

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Yo no se por qué y para quién escribo, pero se para qué y eso es lo que importa. Si no saco la mierda voy a cazar una úlcera bárbara. Hablando de mierda, me gusta ver televisión… sobre todo cuando está apagada ¿no da la sensación de estar siendo monitoreados por un cíclope daltónico acromático? No escupe ni proyecta sombras, solo refleja y enaltece mi teoría de que somos mierda y hacia ella vamos. Yo te lo digo a vos que me leés, un poquito te quiero, quiero más a Gala y al dinero, pero no soy Dalí. Perdón, perdón. Te decía… la próxima vez que vayas al baño, tené mucho cuidado, quizá cagás a un Tinelli o a un Kirchner y no hay Grupo Clarín ni Ley de Medios que valga. Acá en la comunidad blogger la cosa es diferente, todos nos leemos pero en verdad no nos entendemos, nos acariciamos el alma cada vez que comentamos y respiramos ensayos, cuentos y poesía para saber con qué gente tratamos. Hay dos tipos de gente: los que usan el bidet y los que le dan al papel higiénico. Eso habla mucho de una persona. Dicen que “somos lo que comemos”, yo pienso que somos lo que cagamos.

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Me acuerdo cuando el Árabe le tapó el ñoba a Xarxe. Yo le pregunté si alguna vez fue pedicado y largó una carcajada tenebrosa. Seguramente Paul habrá visto una cosa semejante cuando compusieron “Yellow submarine” ¡Por Hendrix, Lennon y Harrison! El santo sorete del Árabe, la octava maravilla. Y bueno, hay millones de historias que competen al sistema excretor, de las cuales fui testigo y protagonista, pero eso es otra historia (de mierda). Lo importante es que caguen sano y que no confundan aceite de ricino con pastillas de carbón vegetal.

*
Ahh… no me puedo olvidar de esto, fue una de las experiencias más traumáticas de mi vida. Freud dice que todos estamos enamorados de nuestras mamás; para mi es un perverso, podés estar enamorado de la mamá de otro pero no de tu propia madre, la que te engendró durante nueve meses (si estuviste siete, andáte dos meses a la concha de tu madre) para que luego te revuelques entre fauna y flora. Cuando me enteré que Papa Noel no existía y que Rachmanioff nunca grabó un disco, la pasé muy mal. Pero peor fue cuando la vida me puso ante una de sus grandes verdades: las mujeres también cagan. Situación inexplicable. Es como… no se… enterarte que Bambi escucha AC/DC o que Mickey es trisexual. No va. Indignado con la naturaleza misma. Más adentrado en años, se agravó mi cuadro de rechazo: algunas tapan baños como el Arabe y hasta se constipan. De todas maneras, las queremos como son, pero traten de no cagar delante de especímenes del género masculino.

*
Hay mierda gráfica, mierda sonora, mierda literal (literalmente hablando y en sentido figurado), mierda simbólica y mierda que está implícita en la mirada de muchos hijos de puta. Te das cuenta porque sus ojos son como dos lagunas de Lobos.
Biquerful.

¡Hasta la próxima y no se olviden de tirar la cadena!

Uy, me cagué.



Defecó Sanrod.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El observador

Cada vez que proyecta un sueño viste de azul las mañanas y cede al claroscuro la más dulce de las manzanas. Se trata de apuntalar el cemento frío hasta que se petrifiquen las piernas, hasta que se arboricen las manos y se dibuje en el intenso verde un carrusel de golondrinas que acongojen a los desamparados al canto de “And I love her”. Se trata de sumergirse, sin escafandra, por los mohosos ríos del no tiempo y figurar en una estampita la imagen de Gardel (voz que adquiere el tinte del buen vino y aroma a mueble).
*
Él es el observador. Es quien se quemó con el sol, quien se engolosinó bañado de luna mientras los años pasaban. No obstante, jamás envejeció. Puso un nombre a todas las estrellas (inclusive las extintas), pero, como faro de puerto, solo vio donde quiso ver: fue testigo, nunca protagonista.
*
La vida cobra sentido cuando se despeja de confusión: esa mujer baila por goce y esta otra, se está meando…
*


garabateó Sanrod.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El jardín prolífico

No basta con entrelazar nubes y propinar caricias sin tiempo para comprenderlos: los segundos son años luz para ellos; la parsimonia con la que se desenvuelven les vale nuestra compasión y, a su vez, la admiración de los caracoles ¡Horribles hermafroditas! (travestis del amor, colonos de ideas). Van, de jardín en jardín, profiriendo visiones a los ojos irritados; aunque sea su languidez de exquisita antipatía. No los quiero acá. Prurito. Nimbada virgen de los fuegos, te figuro como pedo de vieja, como sexo sin orgasmo. Yo, que fui muchos, te figuro como sexo sin orgasmo, como brisa sin caricia, como prisa sin estulticia, como viento sin aliento. Te figuro como el prolífico jardín donde se funden los abrazos del no amor. Párpados en los oídos. Y en la ruina, el hilo de baba se aloja en una cápsula de grasa como árbol caído ¡Hermoso arce! Fecundas bacterias lo atiborraron de mariposas (esas polillas que resisten a toda moda) en espiralados dibujos de extraña procedencia. Desconfío del plomizo firmamento donde se abotonan esas pecas luminosas que llaman estrellas. Sed de piel en la caverna. Van, de jardín en jardín, profanando el candor de los huérfanos...

(Voz del interior)
Seressinalasnosabenserconalasnosabensersinprimaveralaprimaveraessuhogar

Prima la vida, la primavida, en los frondosos senderos de la luna gris
Aves de corral, a los cuatro vientos, se dan sus hazañas
Beban de los jugos, fúndanse en los pálidos claros del bosque
Él, que ya fue muchos, será guadaña

(Voz del exterior)
Seressconalasnosabensersinalasnosabensersinotoñoselotoñoessuocaso

Dejo una rosa, en el septiembre de las momias, para que el tiempo la corrompa…

Profecía: flor marchita.

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Parió Sanrod.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Carta a un amigo en Capilla del Monte

Buenos Aires, 19 de Septiembre de 2009
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"… I like too many things and get all confused and hung-up running from
one falling star to another till I drop. This is the night, what it does to you.
I had nothing to offer anybody except my own confusion."
Jack Kerouac
*
¿Qué hacés, hermano? Acá las cosas están más que bien. Vos me entendés, así se estila decir en las grandes ciudades cuando todo está para la mierda. Sólo que esa expresión alude, en guisa un tanto oscura, a la constancia. Sería, más o menos, como decir “está todo como siempre, está todo como el orto”; pero también sabrás comprender que, viviendo en este agujero, uno no puede –o no quiere- desarraigarse de ciertas costumbres por más estúpidas que resulten. Podría ahorrarme el paso de hacer una vaga traducción de las muletillas que empleo, valiéndome de determinadas aclaraciones a continuación de éstas, pero de esa manera estas líneas no serían más que eso: sólo líneas. Las muletillas le dan el “aire” argentino (que debe permanecer intacto), aunque las aclaraciones se lo quitan… se las quedan mirando como diciendo “no pueden ser más que lo que son”. Qué paradoja hablar de “aire argentino”… ¿alguna vez nos sentimos argentinos?
Si dejo de ser facilista, conformista y extravagante, pierdo ese olor a puerto que despiden mis fauces. Si empiezo a ser oblicuo, contestatario y sencillo, gano en amor. De todas formas, no voy a dejar ni empezar a ser, porque ya soy… esto es lo que piden, esto es lo que les doy: mi persona y mi sombra. Mi persona, a todo el mundo. Mi sombra... a unos pocos.
*
Lanús quedó como la dejaste: ese pozo infecundo, ese turbio escenario donde se desplaza la masa inerte sin dejar huella. Hace poco que te fuiste, pero ya deben haber levantado unos diez o quince edificios más… ¡esos hijos de puta están sepultando los barrios con sus torres! Antes no se sentía la transición entre Valentín Alsina y la Estación, hoy salgo de casa en remera pero con un pulóver en mano, porque se que cuando baje del bondi me voy a cagar tanto de frío como si estuviera en Balvanera. Iberlucea fue calle de quinceañeras, pero ahora se la denomina “Las Lanusitas” (obviamente, pretenden emular a la zona más paquete de Lomas). Creéme, más que asco, da bronca. No se puede estar tranquilo… ¡hasta el sentido de pertenencia nos quitaron!
Ruego al universo que te hayas llevado la fotografía del Viejo Lanús. A este paso, no me sorprendería que encierren en jaulas a los personajes autóctonos –tales como Hugo, Puchito, Travolta, el Hombre-huevo y otros tantos más- para exhibirlos en esas ferias berreta que brinda cada tanto la Municipalidad. El Jefe es para mí lo que un oso panda es para los japoneses. Me da gusto verlo, cuando lo cruzo, porque es una excelente persona, pero a la vez me produce una angustia tremenda porque lleva consigo la insignia del barrio (barrio que ya no existe).
Y si, me cansé de escuchar tantas boludeces: “es impresionante como está creciendo Lanús”. Pero ¿de qué crecimiento hablan? Lanús creció en número, pero por lo demás cada vez está peor. Me contentaría con que no vengan más “extranjeros” y que el crecimiento sea cosa individual. En definitiva, otra de mis utopías…
*
Estoy comiendo un cigarrillo tras otro, mientras escucho a Tom Waits (que va a hacer que reviente mi corazón), el moco es que en el breve intervalo entre tema y tema se alza el rumor de una música colombiana que se siente como un dedo en el culo ¡Tom Waits! Creo que te hablé de él hasta el hartazgo… es mi nuevo Jesús. Me recuerda a esas noches en “el bar de Beba” -el último bar- donde jugábamos a analizar (casi con rigor científico) el cuadro y la droga en particular bajo la que estaban sumidos los clientes. Eramos unos enfermos encantadores cuando prestábamos nuestra oreja a esos enternecedores cocainómanos que mangueaban puchos a mansalva, como si se hubieran escapado de un neuropsiquiátrico ¡Cómo reíamos cuando se rascaban la nariz y miraban a los costados como comadrejas! Los porreros eran todos “rollingas” que hacían señas extrañas, danzas rituales y patéticas teatralizaciones de las canciones vacías que escupía la rocola. Las mujeres, la mayor parte a mediohacer, eran como un collage de resacas de domingo a la espera de un poco de diversión... Todo un acontecimiento era encontrar una mujer entera en esa cervecería ¡Por todos los santos! ¿Qué mierda hacíamos en ese antro? Era un barsucho de mala muerte, atestado de amanecidos, minas servidas en bandeja y, ahí detrás, la misteriosa simpatía de Beba y su eterna sonrisa. Creo que nos gustaba ver la otras caras de la noche, lo que no conocíamos, ser parte por momentos de lo ajeno. Supongo que, inconscientemente, nos encerrábamos en las muertes de las noches porque era (el bar de Beba) escenario de magníficas charlas filosóficas: crecimos mucho ahí dentro.
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Me estoy yendo de mi centro, te escribía para saber cómo estabas y terminé haciendo un terrible tango con todo lo que se perdió. Me resulta gracioso el hecho de que cuando estabas a diez minutos de mi casa, quizá pasábamos meses sin siquiera telefonearnos. Ahora, que hace sólo un par de semanas que te fuiste, estamos como unas "carmelitas descalzas" recordándonos cuánto nos queremos y las tantas ganas que tenemos de vernos. Pero, bueno, es un escollo de la distancia: los medios de comunicación cada vez son menos humanos (de paso, te recomiendo que leas “El asesino” de Ray Bradbury, está en "Las doradas manzanas del sol", te va a encantar). Cara a cara –o como se dice ahora por estos pagos: Face to face- podemos valernos de otras demostraciones, no intencionales, implícitas accidentalmente.
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Ya te conté como anda mi vida personal: estoy siguiendo una rutina que aterra; no por ser rutina, sino porque sea justo yo el que la siga. Sólo me quedó atragantado esto de ilustrarte el nuevo paisaje con mis armas (las palabras). Lo hago para darte fuerzas desde acá, para que te quedes tranquilo, para que te convenzas sobre tu elección de vida. Fue la decisión más acertada que podrías haber tomado. Como ya te dije, podría ser egoísta y garabatear un dibujo para que sigamos yirando por ahí, pero es un capítulo que cerró: cumplió su ciclo. Vos estás bien en tu nuevo lugar, que no importa sí es permanente o de paso. Me llena de orgullo que hayas tenido los huevos para tomarte el palo solo a hacer vida de montañés... ¡ni por capricho lo haría! Tenés que disfrutarlo.
Me voy despidiendo, porque tengo otras cosas que hacer y, además, no va a faltar oportunidad de volver a escribirnos. Este verano nos estaremos viendo, seguramente voy con el Jefe para allá.
*
Un fuerte abrazo,
*


Sanrod.

*
PD: Abro la carta con un fragmento del libro “On the road” (En el camino) que no puede describir de mejor manera el estado en el que me encuentro. Pertenece al capítulo cuarto de la segunda parte. Se que te llevás como el culo con el inglés, así que me atrevo a traducirlo: “Me gustan demasiadas cosas y me confundo y altero corriendo detrás de una estrella fugaz a otra hasta que caigo. Así es la noche, lo que te produce. No tengo nada que ofrecer a nadie excepto mi propia confusión.”

martes, 18 de agosto de 2009

A Tánatos

No se hasta qué punto será conveniente guardar la espina dorsal. Hacer, de los jardines, un banquete antropófago es una imagen que resulta lo suficientemente atractiva. Esta costra de nervios y mucosidades se desplomaría dando un golpe seco sobre las rocas y… ¡Voilà! Damas y caballeros, la mesa estaría servida…
Sí dejo correr más venenos por toda mi planta, quedará el hígado como un aeródromo de hielo varado en el caribe ¡Pobre del duodeno y sus subordinados! Tendrían que buscarse otra ocupación, o bien, valerle a las hienas que deambulan en las sabanas africanas.
¿Y sí dejo caer mis ojos?... ¡Virtud! Arrancaría el esplín que dejan los amaneceres en cada tango que se vuelve como la séptima rompiente entumeciendo a todo el organismo; pero no les veré, podrán tomarme por sorpresa corra el viento a donde corra. No obstante les oleré… ¡Sí! ¡Les oleré! Desarrollaré ese sentido que Buenos Aires supo malograr. Podré distinguir entre la fruta fresca y las heces de elefante. Seré una nariz andariega… ¡Conoceré al mundo con el hocico!
¿Pero qué hay de mis manos, mis oídos y mi boca?... ¡Sencillo! ¡Cosa de antaño! Las mujeres se encargarán de amoratarles…
Haciendo un recuento: descreo de la ciencia y de los dioses ¿para qué obsequiarles este envase? No tiene caso, sería como beber agua podrida...

¡Se lo encomendaré a la naturaleza! ¡así es! ¡guardaré la espina dorsal! Azaroso se hallará mi destino: seré el idóneo de todas las fieras, de los gusanos y de todo simpático caníbal que se conforme con poco (un gordito le sentaría mejor).
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Empujó Sanrod.

sábado, 8 de agosto de 2009

Contrarreloj

“Y allá en el fondo está la muerte
si no corremos y llegamos antes y
comprendemos que ya no importa” *

Julio Cortázar
*
*

Son las 19:43 y Bruno putea entre dientes, porque revisó hasta el más recóndito lugar de su casa y, no hay caso, no encuentra las llaves. Se repite constantemente, a modo de fijarlo en su cabeza: “A las ocho en punto, en la fuente de la Estación”. Esa muchacha tan simpática, que había conocido el sábado pasado, estaría esperándolo y, sin más remedio, sale a la calle. Cómo entrar a casa a la vuelta… ¿a quién le importa, mientras alguien espera?
*
Cuando se encuentra en apuros tiene la sensación de que el jorobado, que aceita los engranajes que mueven al mundo, rehusó de su tarea para echarse sobre un pozo que se amolde a su camélida anatomía. ¿Alguien puede culparlo? ¿Acaso éste no puede abusar de sus momentos de ocio? ¿Quién va a castigarlo por ello?
Son, sea minutero o segundero, estoques cual gladiador se valdrá para amainar las tormentas (encarnadas en arrugas) que arrastra el insoluble espejismo del tiempo presente. Tal figuración violenta su charco gris, lo desplaza de su eje. Es evidente: él está a contratiempo. Tan evidente como las tantas criaturas de pasos pesados que apuntalan el cemento con desdeñoso frenesí y como las tantas otras brisas que acarician las ramas del palisandro. Es aun más evidente, cuando las nubes se entrelazan ofreciendo, en el cielo, un espectáculo digno del sello dantiano, correspondiéndose, a su vez, con su intermitente pulso. Las nubes a mil, su corazón a mil y la ciudad en reposo bajo un trance hipnótico…
*
Entretanto, Celeste aguarda en la fuente. Se relame los labios y balancea su cabeza en busca del pibe que tan responsable se mostró unos pocos días atrás. “Son todos iguales, les demostrás un poquito de interés y cagaste”, masculla enfurecida. Mal o bien, se permite cederle unos minutos más: “quizá le haya pasado algo”.
*
Bruno conoce lo que le espera. Cada uno de sus movimientos se ajusta a una rigurosa revisión matemática: metódica, cruel, lapidaria. Son, los segundos, caníbales despiadados que atosigan su planta. Gotas de sudor manan de su frente como ríos de sal. Todo un sacrificio para que vaya a su encuentro un gélido y punzante “llegaste tarde”.
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* Cita: "Instrucciones para dar cuerda al reloj" ("Historias de cronopios y de famas", 1962).
Relató Sanrod.

domingo, 28 de junio de 2009

Mes amis

Los proyecto como un fuego incandescente… ¡Si! ¿por qué no? Un fuego heraclíteo.
Se que, cuando esbozan un paquidermo en la quietud, están acicalándose como pájaros en sepia. Se que mi ausencia les pesará y que, de todas maneras, esperará por mi ese vaso de cerveza caliente o esa taza de café negro glacial, como la muerte. Se que aman, odian, duermen, sueñan, entrañan, extrañan y conocen tantas terrazas como subterráneos. Se que entienden a la noche como un pañuelo en donde se seca la luna y que jamás se quemarán con el esplendor desdeñoso del día. Se que mis cicatrices valen por mil fotografías, porque ellos atestiguaron todas mis muertes. Se que tan poco me conozco que, a veces, necesito de su reflejo para recordar quien soy. Se que el ardor en los huesos es música cuando los pienso. Se que estuvieron, están y estarán, porque son mis amigos: Los hermanos que elegí para amainar los males de las frías estocadas de la vida.
A ellos… ¡nunca dejen de morir!
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Exorcizó Sanrod.
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sábado, 6 de junio de 2009

Cáscaras de mujer

Será el puente de tus articulaciones el verde meollo de las crepusculares siluetas que se yerguen, danzantes, sobre el montículo que suponen mis vestiduras. Llevo mis labios por doquier, secos como sí estuvieran menopáusicos, vivos como la menarca, muertos como el monarca. No importa, los paseo por toda cáscara de mujer, por cada recóndito e inhóspito terreno que el hombre rechaza, reticente de él, abocado al camino del hombre (el hombre redundante: hombre como hombre y hombre como hombre). Reniego de mis ojos, que encontraron en tu cintura un aleph, para que mis labios mojen otras cinturas... para que susciten otras muertes y, así, vuelvan a secarse. Amalgamo mis manos, que sudan como horribles luchadores de sumo, con el puente de tus articulaciones para llegar a tu cintura, trascenderla y ligar todo predicado con un sujeto (yo). La nueva cáscara de mujer y yo... mojada por mis labios, ahora secos.

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Automatizó Sanrod.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Silencio de hospital


-¿Es esta costra de arterias y mucosidades una realidad?
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-Sí, lo es.
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-¿Qué es lo que le otorga su condición de ser real?
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-No lo sé.
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-¿Lo ves?, es esa incertidumbre la que dota a todo lo inerte y frívolo en cosa tangible, en cosa real.
*
-¿Por qué no te vas a masturbar a la plaza?
*
(Silencio de hospital).

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Recicló Sanrod.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Ayer, hoy y pasado mañana

Ella tropezó en una canción y cayó en este relato. Ama y señora de una singular habilidad para deshojar margaritas en afán de comprender su futuro -aunque un tanto alborotada: siempre perdía la cuenta.
La conocí en un sueño de ninfas y no pude con mis instintos. Monté, con escarbadientes, un patíbulo para la ejecución; de otra manera, no podía tocarla. Cedió, fue mía.
Fue el 19 de diciembre de 2004 que nos hundimos en la memoria. Un día agitado que encontró su cenit en un cruce de caminos.
Por la tarde, nos perdimos en el bosque y fue así que, en el cambalache de las almas, nos fuimos quedando solos. No tan solos, nos teníamos a nosotros: con un equipo de mate, cenando la luna, pereciendo, con pocas fuerzas para un manotazo de ahogado. El frío entumecía nuestros cuerpos y de sexo, mejor no hablar.
Estábamos solos, pero nos teníamos a nosotros, acompañándonos en la soledad: nuestra intrínseca manera de velar por los ausentes. Hablar de soledad en compañía es distinguir a los ausentes, o mutilar a los presentes; aunque de eso se trate el asilo, el olvido.
Pasamos la noche enredados, como serpientes (desarraigados de las supersticiones), hasta amanecer en forma de uróboros. Estábamos acompañados, nos teníamos a nosotros. Hablar de compañía en soledad es distinguir a los presentes, o mutilar a los ausentes; aunque de eso se trate la vida, el amor.
Al día siguiente, no sabíamos –o no sabía- sí estábamos solos –o estaba sólo- o acompañados –o acompañado-.


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Desempolvó Sanrod.

miércoles, 29 de abril de 2009

Cardume de pirañas

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.dornaS ozihsed eS
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.olucríc nu razart a sav anañam ,oicepart nu etsazart íS .atropmi oN .rabor a nav al et atsah y racificurc ,razunemsed ,racifilacsed a nav al ,rarimda a nav al ,ralitum a nav al ,ramot a nav aL. alájeD .azebac ut ed areuf ragul nu ónag es arbo ut :ednarg necah et, naloiv et on “nóicaerc-rodaerc” olucnív le nepmor odnauC
*
.nóicatpeca al ,orecret nu ed nóicaborpa al se ase- aicnednepedni us enag es euq atsah nóicaerc ut ed roñes y oma soS .eria le ne (etnajubid lam res ed osac ne) ossaciP ed otarter nu ó nófelac nu ,omsagro nu ,oinomed nu odneirap sátse :odnatsefinam sátse et ,ogla odneicah sátse euq onis ,saes éuq osac la eneiv ocopmaT .atsinoiserpmi sos ,onrotne le atcefa et ís ;pop atsitra nu sos ,oslup sénet ís :eria le ne (oicepart nu) ohcid etnemaiporp omargolelarap nu secart euq ognoporp eT
*
(etreni ol a adiv somad el euq se ís) atanni ,aeráclac ,adiláp ,airadipal zedunsed ase ed nerbuc sal soeló sosE .ím arap oviv odaisamed orep ,sov arap orolocni ,áziuq ,roloc nu ed sederap sal netsiv euq soeló sol noc ednuf es y sarbmofla sal emocrac ,sohcet sol rop apert sañarip ed nemudrac lE
*
*
.rioretna adiv anu ne tibbaR y oterraB ,dornaS :ahcered a adreiuqzi eD
*

lunes, 27 de abril de 2009

Hambrecarnesangremadrepadre

*
¡Hambre! ¡Busca la calma en el suplicio, en la iglesia y en la alienación!
¡Carne! ¡Ya viciado el solsticio y en las desventuras del amor!
¡Sangre! ¡Dale hijos a la patria! ¡El amor es francés!
¡Madre! ¿A qué dios confiaste tu tesoro figurado en hez?
*
Un saltimbanqui repta en las calles…
-¡Circe, circe, circe! ¡Muéstrame las tetas!-
Un sacerdote bailando en el pedregal…
-El pecado es mi hotel; la absolución, su precio-
Tres cuervos defecando sobre un busto de Perón…
-¿Qué hacemos acá, sí nosotros somos de Poe?-
*
¡Hambre! ¡Fauna y flora ármense de encanto!
¡Carne! ¡Sea mujer, de tus instintos, un formicario!
¡Sangre! ¡Paga con ella y dale una úlcera al corazón!
¡Padre! ¡Es la música, en las palabras, mi redención!
*
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Desechó Sanrod.

jueves, 23 de abril de 2009

Mundo, carne y demonio

*
MUNDO
Sangra, ensimismada, la verdad de Anaximandro,
una burbuja, una brújula y un caldo de ideas
que arden en los huesos y se ciernen
sobre las inhóspitas lunas
sos-la-yan-do nuestras
muertes.
*
CARNE
Tlön, Uqbar y el inextricable Borges,
la belleza de Arthur, Wilhelm el homicida,
las hormigas de Salvador, el contrapunto de Bach.
*
DEMONIO
Hacer
de la música
un cruento chirrido
que se pierde en las herrumbres
y que no precisa de aire para viajar
..............¡Rebana el budín de un hachazo!
..............................................¡Cruz Diarrea!

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Ese enemigo del alma, Sanrod.

martes, 21 de abril de 2009

Eterna durmiente

*
¿Acaso el viento perdonó a tu nombre
y se llevó, con mis desiertos, tu cara?
Cuando los cuerpos devienen en pantanos,
cae, en espiral, el inextricable abismo
que dejó al mundo sin luz
*
Me hice, del tiempo, dueño en sólo segundos
y, con los bueyes, di un color al silencio
En tanto, el viento me devolvió los besos
que me han mojado y han abierto el abismo
que dejó al mundo sin luz... mientras dormías.
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Evocó Sanrod.

lunes, 20 de abril de 2009

Plastilina

"¡Fuego! ¡Fuego sobre mí! ¡Aquí! O me rindo.
¡Cobardes! ¡Yo me mato! ¡Yo me tiro a las patas de los caballos!" * **
Jean Arthur Rimbaud

*
La estocada de la estoica
*
"Repugnante como una ballena franca serpenteando con dificultoso garbo por un desierto de sal y asidua a las crisis de la luna y los vigorosos dejos de luz que impregna el sol rebotando con reboso en las pálidas caras de los desgraciados en el amor, se dignó a dilatar cada minucioso acicate que presentase la naturaleza en su camino. Sorda del ojo izquierdo y ciega en el tacto de las mandrágoras desemejantes al séquito de ninfas de Apolo. Nacida mujer, en cuerpo de mujer, aunque sus costumbres bárbaras (ligadas a Grambinus, San Patricio y un horrible vikingo del cual no pienso dejar referencia) hayan soliviantado con azarosa perplejidad a quienes testificaron. Un cúmulo de caras sin nombre se agolparon en una infinita lista-memoria de compañeros sexuales. Un deshidratado y risueño recuerdo de amor le quitó el sueño: un solo amor para toda la vida, como los hipocampos. ¡Qué vida! ¡ay, ay, ay! ¡uy, uy, uy!, ¡glup, glup, glup! Muere en Villa General Belgrano de una cirrosis fenomenal ¡glup, glup, glup! En su epitafio, yace la leyenda “¡aaaagggffffff!” -una suerte de onomatopeya del jadeo masculino luego de finalizado el coito, música que, con retozo, hizo eco en su cabeza durante las últimas diecisiete primaveras."
*
Así fantasea, Ekaterina, esbozando una breve y condimentada autobiografía para el que será su primer y último libro. Tratará su visión del gentío encolerizado, con su pasado a cuestas y la lluvia ácida sesgando el cristiano resplandor de la quietud: esplín de los esplines.
Ella espera a la muerte apetitosamente, la conoce, la proyecta y la desenmascara con abominable soltura. De alguna manera, sabe que, por más que parezca un disparate, inesperadamente un cóndor la raptará, la llevará a su agujero en lo alto del cerro La Ventana y desgarrará su vagina con singular pasión -como un lobo se debe a la luna, un cactus a sus reservas o un mexicano a su chile. Quizá corra con otra suerte y despierte otras tantas madrugadas, sea tal la última, ahogada en su miseria, su karma, el alcohol. O bien, reviente por autocombustión. Sea como sea, es tal su seguridad -respecto de su venidero óbito- que resulta sencillo comprender la vehemencia con la que entreteje cada uno de los menesteres propios de aquél que anhela la inmortalidad.
Ekaterina guarda sus cosas y se dispone frente a la puerta del tren.
*
*
Subte Línea B, Estación Carlos Gardel
*
Hace una pausa en su trayecto para evitar a los carteristas, fumadores empedernidos, negros de ojos tristes, príncipes apócrifos, paraguayas-murallas y otros hologramas de la urbe del Abasto, entretanto detiene su mirada en un graffiti de carácter antisemita: “maten a los judíos, contaminan con los pies sobre la tierran”. Un ramillete de sensaciones nauseabundas y de tristeza se apoderó de su vientre que, tras una sucesión de eructos que intentaban emular la “Tubular bells” de Oldfield pero con olor a milanesa, regurgitó a un rabino de cabellos pesados que se encrespaban entre las vías y los anuncios del noticiero matinal. Digerido el asombro, junto con algunos retazos de la túnica que cubrían al rabí, Ekaterina se dio a emitir un solemne “¡guau!”.
*
-No soy perro, aunque tampoco católico, pero hablamos el mismo idioma- reclamó el rabino.
-¿Miau?
-No te pases de lista, muchacha. He salido de tus entrañas rebosantes de nicotina y hachís para enseñarte el camino.
-¡Qué cosas! una compra pan rallado en lo de Domitila, fríe unas milanesas y vomita a un judío…
-No me debo al pan rallado de Doña Domitila…
-¡Es el hachís!... ¿o el sueño con Rachmanioff?
-¡Cállate! presta atención…
Ekaterina asiente con la cabeza, mientras pierde sus ojos en los crespos cabellos que se limitaban ya a los hombros de su creación.
-Fui enviado por el mismísimo Abraham con el fin de darle cauce a tu tormentosa existencia, estoy aquí para purgar tu alma, amparar tu esencia y honrar tu sexo según las escrituras del Pentateuco…
-¿Debo cortarme el clítoris?- interrumpe la muchacha.
Involuntariamente, se curvan los labios del rabino, leve guiño de una inevitable sonrisa, en tanto dispara:
-¡Escúchame! luego tendrás tiempo para el regocijo.
-Sí vos lo decís…
-Has estado desperdiciando tu vida, abasteciéndote de venenos, caminando sin rumbo, corrompiendo a los iluminados...
-¡Pará un cacho, loco!... ¿los “moishe” no hablan en hebreo?
-¿Para qué hablar el hebreo sí no entenderás una sola palabra?
*
Ekaterina se abstuvo de reponer al divisar la silueta de un muchacho de corta edad -que, a medida que se acercaba, sumaba un lustro en cada paso- pidiéndole fuego. Mientras buscaba en su cartera, trataba de explicarse donde era que se había metido el israelita.
*
-Acá tenés, pero mirá que acá no se puede fumar… ¡te van a colgar de las bolas!
-¿Y por qué pensás que vengo a pedirte fuego?
-Tenés los ojos como la laguna de Lobos, dudo que seas un incendiario, supongo que querrás fumar…- socarrona, la Rusa.
-¡Ja, ja, ja! claro, muñeca, pero no voy a hacerlo acá… Hace rato que estoy observándote, se te escaparon cinco trenes y no te percataste de ello en lo más mínimo. Te vi solita, con la cara inocente como la de una criatura cuando termina de apedrear la casa de una vecina molesta, indefensa, solitaria y no pude con mi genio…
-¡Qué chamuyo barato! noto que te comiste toda la saga de Cris Morena, un café con leche y tres medialunas... Soy una flor excéntrica, no me conmueve Bécquer y fui feliz cuando mataron a la madre de Bambi...
-¡Un demonio en el cuerpo de un angel! sugerente…
-¡No! nada de eso, sólo estás ante una mujer que está cansada ¿de qué? no importa, solo estoy cansada...
De alguna manera u otra, el extraño no tardó en simpatizarle a la Rusa y, frente a la oportunidad, arrancarla del subterráneo para perderse juntos por las calles de Once.
*
*
Un rostro sin nombre
*
Inmiscuidos en el cauce de la Av. Corrientes, se dieron a la búsqueda de un café en donde sirvan delicias turcas. Ante la negativa, el extraño decidió invitarla a su departamento (sito en Azcuénaga y Sarmiento), donde instintivamente se dio rienda suelta al connatural acto que los norteamericanos definen como "un simple intercambio de fluidos", que los franceses designaron como "pequeña muerte" y que quien escribe aludirá a éste simplemente como "cópula" (para no caer en la porno-prosa).
Entre sábanas, fumaron cigarrillos rubios a rabiar, conjeturaron acerca de los propósitos de la Orden de los Perfectibilistas y cedieron ante unos escasos y mezquinos besos caducos. Durante unos minutos, permanecieron impasibles, y en absoluto silencio, hasta que al desconocido (que, para ese entonces, había reunido el número definitivo de lustros) se le dibujó, cavilando, la imagen de Ekaterina en el andén del subte: ese monólogo atroz.
*
-Che... ¿por qué hablabas sola en el subte? ¿siempre hablás sola?
-¡Ja, ja, ja! ¿me estás cargando, no?
-¡Para nada! te hablo muy en serio, llamó poderosamente mi atención...
-Sí, definitivamente, me estás cargando... ¡hay que ser miope para no ver a un barbudo de dos metros disfrazado de monja!
El extraño, desconcertado, busca en su memoria y la toma por el mentón.
-Ekaterina, más allá del buen hombre que vendía revistas y ese "rati" que nos miraba como sí le debieramos algo, estábamos sólo vos y yo en el andén...
-¡Andá a cagar! ¡Puto!
Inmediatamente se vistió, tomó sus cosas y se despidió con un estrepitoso portazo. Bajando por las escaleras, sonriente y atestada de júbilo, reflexionó que más allá de haber sido tratada como una vulgar desequilibrada mental, no sentiría en su paladar el amargo sabor de un nombre. Un nombre de un hombre. Un nombre de un hombre que no creyó en ella.
*
*
Subte Línea B, Estación Pasteur
*
Una vez más, jugando a ser topo, en los subterráneos. Ekaterina se ubicó en un banco y esperó a que el próximo tren se deshaga de la multitud que la rodeaba. Miró a sus costados, como una suricata al acecho, y se introdujo los dedos índice y mayor por la garganta. Naturalmente, como era de esperarse, se manifestó el rabino.
*
-¿Dónde te habías metido, loco?
-Discúlpame, fui llamado por la naturaleza… ¡tenía que ir al baño, mujer!- contestó el rabí.
*
Bajó la tensión, y mientras los focos parpadeaban, la Rusa desviaba su atención a la silueta de un hombre que se acercaba, restando un lustro en cada paso. Al guardar la distancia conveniente para el diálogo, se vio cara a cara con un niño de unos ocho años.
*
-Señorita, ¿esto es suyo?- entregándole en mano un trozo mugriento de plastilina.
-No, hermoso, hace tiempo que no juego con estas cosas- repuso con la voz sedante de una abuela que prepara un bizcochuelo.
-Bueno, entonces, se lo regalo.
Antes que pueda agradecerle, el niño se fue corriendo y, así, sumando lustros en su marcha.
-¡Pará, flaco! ¿viste a alguien más que yo en el andén?- preguntó, temblando, Ekaterina.
El hombre se detuvo y, girando sobre su propio eje, la miró sonriendo y respondió con otra pregunta:
-¿Tenés fuego?-


**************
* Cita: "La mala sangre" ("Una temporada en el infierno", 1873).
** " Original: "Feu! feu sur moi! Là! ou je me rends. -Lâches! Je me tue! Je me jette aux pieds des chevaux!" / "Mauvais sang" ("Une saison en efer", 1873 ).

Por Sanrod.

sábado, 18 de abril de 2009

Retrato de la Estación Lanús

*
A contramano por Pavón, se hacen carne mis fantasmas (un reloj, dos muñecas jujú y un falso pergamino atiborrado por indescifrables jeroglíficos), en tanto entono “el payaso plin plin” en jeringoso. Siento que pesan mis piernas, cuando en verdad es el suelo que está muy liviano. Sigo el paso y noto que aun conservo el sueño de cagar a palazos a un caddie disfrazado de Superhijitus; aunque la idea de hacer que ella bese la tierra mojada pese tanto como jugar a la ruleta rusa con el tambor repleto. Sonrío por mis paisajes imaginarios y recibo a cambio una muralla de frescos del medioevo.
Tal es el camino que, en las sinuosas danzas del caminante en las multitudes, se graban plutónicas figuras en el aire peligrando mi estabilidad. La pictórica marquesina semestral ofusca y corona al horizonte con una criatura del averno. Las quinientas setenta y tres cabezas manando como fango de los trenes, muriendo, dentro de sus zapatos, por vivir los cinco minutos venideros. Las quinceañeras, eternas, infinitamente estúpidas haciendo del paseo una carrera de obstáculos.
Cuatro columnas más y, al menos por hoy, no voy a ser más parte de esto.

Antigua Estación Lanús (Año 1910)

***

Soliloquió Sanrod.